domingo, 10 de octubre de 2010

VENTANAS EN EL TIEMPO...




Han pasado aproximadamente diez años, y ya no se exactamente si estar nostálgica por los recuerdos gratos, triste por lo que quedo atrás, arrepentida por lo que no concluyo, o totalmente eufórica por la emoción de lo que vendrá, despreocupada, al final la intensidad y la emoción no pueden faltar, después de estos años la esencia no cambio, tan compleja como simple, espíritu libre, y curiosa de conocer lo que el destino tiene preparado.

Sentada en el comedor de la sala de Madeleine, sábado por la noche, cigarro en mano y una copa de vino sobre la mesa, leyendo antiguas revistas españolas que Madeleine atesora, esperando la llegada de Margot y Víctor.

Mientras tanto pasaban por mi cabeza, imagenes de la ultima vez que había estado sentada en esa mesa y en la misma situación...

De pronto Madeleine irrumpe paseándose con un peine en la mano y un lápiz labial en la otra renegando entre dientes y sin mas grito: Abre las cortinas o vas a llenar por completo de humo la habitación, ya deberías de haber dejado ese vicio te vas a matar y nos vas a matar a todos...

Ok, negrita no te enojes atine a decir, en cierto modo avergonzada y por otra parte con fastidio, ya había pasado bastante tiempo de la ultima vez que alguien me había llamado la atención, como si fuera mi madre, sin embargo era la negrita no podría discutirle nada, solo sin protestar me puse de pie y abrí la ventana de la sala y de pronto mi mente dio giros y giros volando hacia el pasado, exactamente a aquella noche de primavera un jueves 30 de septiembre para ser exacta, era como si al abrir las cortinas de aquel departamento Barranquino, estrategicamente situado en un quinto piso, el mismo que permitia ver el puente de los suspiros y disfrutar del paisaje bizarro pero acogedor de aquel Barranco que no duerme de noche, o al menos que yo recordaba, hubiera en el acto abierto un portal con mis recuerdos, podía sentir hasta el olor y calor de la noche, el ligero bochorno de la primavera y el olor de buganvillas floreciendo mezclado con el humo de un cigarrillo lleno de historias.

Quizá no hay limeño, que ose decir que halla disfrutado de la bohemia de lima y no guarde un recuerdo en la memoria de una noche barranquina, pero no de cualquier noche, sino de esas noches mezcladas entre rastas y trovadores, entre copas y canciones, entre vino y abrazos, entre ideas y pasiones.

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